¿Digitalización o verdadera cultura digital?

La nueva “normalidad” deja entrever cómo las mismas reuniones que ocurrían en el mundo presencial lo hacen ahora en el digital. Y es que el Covid-19 ha provocado una digitalización forzada en una gran mayoría de empresas que no estaban preparadas para ello; ha ayudado a instalar tecnologías para trabajar, pero no necesariamente implica un desarrollo de la cultura digital en las organizaciones.
¿Hay cifras que grafiquen esta realidad?

Según un estudio de Digital Bank Latam, aplicado a 220 ejecutivos de 12 países de Latam, mientras casi la mitad de las organizaciones requiere fortalecer su cultura digital, un significativo 14,1% de estas compañías simplemente no tiene una cultura de este tipo para enfrentar el teletrabajo. Asimismo, otro estudio realizado por Accenture y País Digital señala que nuestra economía podría dejar pasar US$13.000 millones sino acelera la transformación digital.

¿Cómo se diferencian transformación digital y digitalización?

Mientras la digitalización se centra en la incorporación de nuevas tecnologías, la transformación digital está focalizada en las personas y cómo hacen uso de ellas. Por lo mismo, preferimos llamarle cultura digital. En la práctica, es un cambio de paradigma en la gestión de las empresas, que pasan desde la administración planificada y el control hacia la experimentación y toma de decisiones descentralizada; desde la mirada interna hacia el cliente al centro; y desde usar escasa y tardíamente la información a utilizarla tiempo real para personalizar servicios y tomar decisiones informadas y oportunas.

¿De qué modo una organización puede saber si cuenta con una cultura digital?

Un indicador sencillo para medir la cultura digital es analizar el tipo de reuniones que predominan en las empresas. Existen tres rasgos que reflejan una falta de cultura digital. Primero, Reprocesos: se genera regularmente cuando en los equipos se coordinan reuniones donde el foco de la conversación está en entender el problema (por ejemplo, recibir y analizar información que podría haberse enviado por e-mail), en lugar de proponer soluciones a los problemas ya analizados. Avanzar en tu cultura digital implica contar con una agenda pensada con anticipación y con responsables por tema, lo que te permite convertir las reuniones en espacios para tomar decisiones de manera rápida y eficiente.

Segundo, Desaprovechamiento de la Inteligencia Colectiva: nuestra capacidad de concentración en digital es menor que en el mundo presencial y las necesidades domésticas se juntan con las laborales. Así, se facilita el presentismo (estar muchas horas en el trabajo pero sin necesariamente lograr resultados) y la participación pasiva en reuniones. Avanzar en tu cultura digital implica hacer menos reuniones, más cortas, siendo cuidadoso con el número de participantes y quiénes participan de ellas (los tomadores de decisiones y los que tienen competencias técnicas en el tema a abordar).

Tercero, Micromanagement y Control: un bajo indicador de cultura digital se observa cuando se producen tomas de decisiones centralizadas y micromanagement Así, las decisiones se enlentecen, las jefaturas se recargan y los temas no tienen seguimiento o no se traducen en acciones concretas a la espera de una decisión. Adoptar una cultura digital implica entregar mayor libertad y autonomía, porque es más eficiente y también porque el trabajo remoto no se puede controlar. Si esto no ocurre, el resultado es que la empresa pierde competitividad.

Es una perspectiva que atraviesa a la organización…

Claro, la cultura digital no pasa por el número de herramientas tecnológicas que utilices o su nivel de avance, sino por la forma de relacionarse, estructurar los procesos de trabajo y alinearse al interior de los equipos que predomine en tu organización. Si sientes que uno o más de estas deficiencias de cultura digital están presentes en tu empresa, entonces llegó la hora de dar el salto, no a la digitalización -que ya fue forzada por la pandemia-, sino a incorporar una verdadera cultura digital. G