Baja las Luces

Baja-las-Luces

Por: Gregorio Etcheverry

Desde que era niño siempre me llamó la atención que mi papá le subiera las luces a los autos que venían en sentido contrario por la carretera cuando, escondido entre los matorrales, una patrulla de Carabineros estaba con la pistolita en mano viendo quien se pasaba los 100 km/hr. Era la forma de avisarle a los otros autos que bajarán la velocidad porque les podían sacar un parte. Muy caballerosamente, estos respondían la señal agradeciendo con un cambio de luces de ese modo el gesto de “amistad cívica” de mi papá, por así decirlo. También me acuerdo cuando de cabro chico iba al estadio Santa Laura a ver a la U y teníamos que hacer la cola para comprar las entradas. Siempre aparecía un “compadrito” que se te acercaba agazapadamente a pedirte que le compraras una entrada o para que lo dejaras pasar. Muchas veces les iba bien y encontraban un hincha “paleta” que les hacía el favor. Otro recuerdo que tengo es el de las pruebas en el colegio. Tenía 2 compañeros de curso con cierto “déficit atencional” que les impedía estudiar y preparar la materia. La solución de ellos era sentarse detrás del “cabezón Manríquez” ya que siempre les pasaba las respuestas. No creo que lo haya hecho porque los quisiera ayudar sino porque le daba miedo no hacerlo. El repudio del curso, una eventual “camotera” o ser tildado de mala onda le impedía decir que no. Además, la imagen del chupamedias de Espinita que en esos momentos aparecía los domingos en la tarde era bastante cuestionada, por decir lo menos. Detrás de estos tres recuerdos de “amistad cívica” de los que la mayoría de nosotros hemos sido parte, ya sea en calidad de autores, testigos, cómplices o encubridores, creo haber encontrado una de las razones que ha fomentado ese cliché del cual nos enorgullecemos tanto, el de la “pillería del chileno” (Que a estas alturas es una tremenda justificación para cuanto chanta existe dando vueltas por ahí). ¿Por qué seguir “prestándole ropa” al que hace las cosas como no se deben hacer? ¿Por buena onda? ¿Por miedo a caer mal? ¿Para pasar piola y no hacerse malas pulgas? En el último tiempo he encontrado algunas señales de que algunas de estas cosas han ido cambiando. Si el TranSantiago ha tenido algo para rescatar es una de sus últimas campañas publicitarias que buscaba justamente que las personas no le perdonen a nadie subirse sin pagar, pese al mal servicio. Hayyyyyyyy no meta la mano…!!! Gracias al invento de los “cazanoticias” he podido ver con placer a algunos pasajeros siendo bajados de una micro por no pagar su pasaje, y por los mismos pasajeros… También he visto con placer como un grupo de peatones pone contra al piso a un lanza que había sido pillado infraganti robándole una cartera a una señora. Hace algunos días también pude ver como algunos peatones sacaban fotos a los autos que andaban en las calles, pese a tener pre emergencia y tener la patente terminadas en los dígitos con restricción. Y a otros tanto enfrentando a sus vecinos por tener las chimeneas prendidas estando éstas prohibidas. La invitación es a que dejemos de hacernos los &%&/$%& y empecemos a terminar con esta malentendida “amistad cívica”. Lamentablemente para eso hay que tener coraje y no todos lo tenemos. Para hacer más gradual el cambio, partamos por algo sencillo: Yo ya no le subo las luces al que viene del otro lado. Y tú ¿Quieres hacer la prueba?